Es admirable su respeto, compromiso y dedicación por la educación de nuestras hijas e hijos, sus mil y una maneras para que todo parezca un juego, su capacidad de despertar ilusión y asombro; sus palabras y gestos, su cercanía y cariño con las familias, su apuesta por creer que junt@s y unid@s se aprende más y se trabaja mejor. Ella no sólo comparte conocimientos, hace mejores personas, potencia lo mejor de cada niña y niño, abre puertas a la curiosidad, dibuja sonrisas y caras de entusiasmo, siembra amor y empatía y acompaña fuera del aula en los momentos difíciles y delicados.

Ella es Cris, la maestra que deja pedacitos de su corazón en todo lo que hace, la maestra que hace sencillo lo difícil, la maestra que cree que otra Educación es posible.